Un día por fin supiste lo que tenías que hacer, y lo empezaste, aunque a tu alrededor algunas voces insistían en no gritar malos consejos… aunque toda la casa  se puso a temblar y sentiste el viejo tirón en los tobillos.


<< Arréglame la vida!>>, gritaba cada una de las voces. Pero no te detuviste. Sabías lo que tenías que hacer, aunque el viento husmeara con sus dedos rígidos hasta los cimientos, aunque su melancolía fuese tremenda. Ya era bastante tarde y era una noche espantosa y la carretera estaba llena de ramas y piedras caídas. Pero poco a poco, a medida que dejabas atrás sus voces, las estrellas comenzaron a arder a través de las láminas de nubes, y se oyó una voz nueva que lentamente reconociste como tuya, que te hacía compañía mientras a zancadas penetrabas cada vez más en el mundo, con la decisión de hacer lo único que podías hacer… la decisión de salvar la única vida que podías salvar.

Mary Oliver