Este artículo de opinión de la subsecretaria del Tesoro de Estados Unidos, Lael Brainard, se publicó en inglés en la versión en línea del diario The Guardian el 31 de julio. El artículo es de dominio público y no hay restricciones para que se vuelva a publicar.

Los líderes políticos a menudo ignoran la clave del crecimiento económico: La mujer

Por Lael Brainard

Es momento de que el mundo avance hacia la cima en materia de igualdad. Sin la aportación plena de las mujeres, ninguna economía desarrollará todo su potencial.

Los líderes políticos del mundo están buscando intensamente soluciones para fomentar el crecimiento económico interno. Sin embargo, hay una solución comprobada que involucra a la mitad de la población, pero que a menudo se desaprovecha. Al liberar todo el potencial económico de la mujer, los países pueden mejorar la productividad, estimular la demanda e impulsar el crecimiento.

Aquí en nuestro país, el presidente Obama desde el comienzo estableció una relación entre crecimiento y las oportunidades económicas para las mujeres. Cuando la crisis de 2009 tocó fondo, una de las primeras leyes que promulgó el presidente fue la Ley de salario justo Lilly Ledbetter. Estableció un grupo de trabajo sobre igualdad salarial dirigido por Valerie Jarrett para que a las mujeres se les pague lo que merecen. Hasta que las mujeres reciban salarios justos, y no solo 77 centavos por cada dólar que ganan los hombres, nuestra economía nunca será competitiva. Debido a esta diferencia salarial las mujeres la cantidad que la mujer deja de percibir puede ascender a cientos de miles de dólares durante su trayectoria profesional.

En Asia, políticas que permitan introducir a más mujeres en la fuerza de trabajo podrían contrarrestar la escasez de mano de obra que sobrevendrá debida al envejecimiento de la población. En Europa, mejores condiciones laborales para las mujeres podrían impulsar la demanda nacional. En África, el acceso igualitario de las mujeres agricultoras a suministros y servicios agrícolas aumentaría el rendimiento y los ingresos, y mejoraría la salud y la educación de la próxima generación. En los países árabes que pasan por una transición, la solución al desempleo entre las jóvenes, uno de los más altos del mundo, es esencial para crear economías más inclusivas.

El progreso está a nuestro alcance. Hoy en día, en casi todas partes la proporción entre las niñas y los niños que asisten a la escuela primaria es casi la misma, y cada vez en más países vemos que las mujeres ingresan a la educación secundaria y superior. Las mujeres ahora conforman el 40 por ciento de la población activa.

Sin embargo, a pesar de estos logros, la diferencia entre los salarios y la productividad de hombres y mujeres aún es amplia. Incluso esta diferencia salarial aún persiste en los países donde la proporción de mujeres que cursan estudios universitarios es superior a la de hombres. Más mujeres que hombres quedan atrapadas en empleos de baja productividad. A nivel mundial, las mujeres tienen muchos más puestos de trabajo en la economía sumergida, donde los salarios tienden a ser inferiores a los del mercado y la movilidad laboral es limitada. En cualquiera que sea la industria, la mujer no tiene suficiente representación en altos cargos y juntas directivas. En casi todos los países las empresas dirigidas por hombres a menudo tienen ingresos superiores a las empresas dirigidas por mujeres.

Las mujeres con acceso mínimo a recursos o sin acceso a servicios de cuidado infantil tienen opciones limitadas que a menudo conllevan salarios bajos y trabajo a tiempo parcial. En las comunidades rurales de los países en desarrollo, donde las mujeres no tienen el mismo acceso a fertilizantes o capacitación, la productividad agrícola de éstas queda rezagada respecto a la de los hombres. Cuando las normas y las leyes impiden que las mujeres sean titulares de garantías, las economías desaprovechan el talento de las empresarias.

De este modo, ¿qué más podemos hacer para liberar el potencial económico de la mujer? Es momento de que el mundo avance hacia la cima en materia de igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. El presidente Obama ha hecho un llamado mundial al empoderamiento económico y político de las mujeres. La Alianza para Futuros Iguales promueve la eliminación de las barreras políticas, legales y normativas que detengan el avance de las mujeres a nivel local, estatal y nacional.

Como parte de la agenda de competitividad mundial, comencemos por medir el progreso de las reformas de cada país. Ayudemos a los países a evaluar el desempeño de sus leyes e instituciones en cuanto al fomento de la participación plena de la mujer, ya sea mediante la igualdad salarial o de derechos a la herencia y titularidad de tierras. Así como el informe Doing Business (Haciendo Negocios) del Banco Mundial ha promovido más sectores comerciales dinámicos, medir a los países en cuanto a prácticas óptimas o a oportunidades de género podría desencadenar el potencial productivo pleno de las mujeres e impulsar el crecimiento. Y debemos permitir el acceso a estas evaluaciones para que las empresas puedan invertir donde las mujeres tengan una participación plena como empresarias, innovadoras, agricultoras, consumidoras e inversionistas.

Cuando se excluyó a las mujeres de los programas del New Deal, Eleanor Roosevelt luchó para por su inclusión. Roosevelt fue una de las pocas líderes que se percataron de que la economía de Estados Unidos no escaparía de los abismos de la recesión sin la participación plena de la mujer.

Hoy, esto sigue siendo cierto. Sin la plena aportación de la mujer, ninguna economía desarrollará todo su potencial.

(Lael Brainard es la subsecretaria del Tesoro de EE.UU.)